lunes, 13 de mayo de 2013

Cosmos - Carl Sagan [PDF][ESP][FullColor][MEGA]


Carl Edward Sagan fue un pionero y popular astrónomo, exobiólogo y divulgador científico en todo el mundo.

En 1980, además de ser nombrado presidente de la sección de planetología de la unión geofísica americana, crea y presenta la serie televisiva Cosmos, cuyos 13 capítulos también pasan a formar parte del libro del mismo nombre. Cosmos fue sin duda la obra más popular de Carl Sagan. La serie televisiva Cosmos fue vista en 60 países, por aproximadamente el 3% de la población del planeta tierra, y su edición en papel estuvo 70 semanas como bestseller en "The New York Times", convirtiéndose en el libro de ciencia más vendido del siglo XX.

Idioma: Español
Formato: PDF
Peso: 46 mb
Numero de paginas: 318

LINK: https://mega.co.nz/#!YZlnBZjZ!W4NZVQxOsskJ09apgtEVBSAbRxRpMpLZHGoEDIkHfGk

miércoles, 8 de mayo de 2013

9 de Mayo, Día de la Victoria sobre el nazismo


Se denomina Día de la Victoria a la celebración de la victoria de la Unión Soviética y los Aliados sobre la Alemania nazi el 9 de mayo de 1945 en la Segunda Guerra Mundial, o Gran Guerra Patria, como se la denominó en la Unión Soviética. Es día festivo en Rusia, Ucrania y en la mayoría de antiguas repúblicas soviéticas.

La Alemania nazi, representada por el Generalfeldmarschall Wilhelm Keitel, firmó la rendición incondicional el 8 de mayo de 1945 a las 22:43 hora central europea (9 de mayo a las 0:43 hora de Moscú), ante el Mariscal del Ejército Rojo Gueorgui Zhúkov, poniendo fin así a la Segunda Guerra Mundial en el continente europeo. La diferencia horaria explica por qué en los países occidentales la victoria se celebra el 8 de mayo (Día de la Victoria en Europa), mientras que en Europa Oriental se celebra en 9 de mayo.

El Día de la Victoria no fue conmemorado de modo generalizado en la URSS hasta después de veinte años, en 1965. Tras la desintegración de la URSS se dejaron de celebrar los desfiles durante unos años, hasta que en 1995 se retomó la tradición en Rusia. Desde entonces, los desfiles en la Plaza Roja se han venido realizando anualmente, aunque el desfile militar se ha trasladado al monte Poklonnaia.

En el año 2005, al conmemorarse sesenta años de la derrota de los nazis, el desfile en la Plaza Roja contó de nuevo con la técnica militar.1

En esta fecha tradicionalmente se producen desfiles militares (tanto de tropas "históricas" como contemporáneas) y de los veteranos, se colocan coronas en la Tumba del Soldado Desconocido, culminando la celebración con fuegos artificiales por toda la ciudad de Moscú.

domingo, 5 de mayo de 2013

Mao TseTung - Una crítica de la economía soviética [PDF][MEGA]

Muchos aniversarios han pasado, y creo que no era conveniente desgastarme publicándolos todos en el blog, aparte de mis estudios y lecturas me han quitado un poco el tiempo, pero voy a recuperar algo del tiempo “perdido” con un gran aporte. Extraído de la "crítica roedora", y tras varios procesos de la era digital, traigo unos textos de Mao que hasta ahora habían permanecido inéditos en internet, aunque la edición es de hace más de 30 años; sólo se encontraban en ingles, me refiero a…

A MODO DE SINOPSIS

"El 1º de octubre de 1949, al término de una lucha descomunal y heroica, La Revolución encabezada por Mao TseTung alcanzó el triunfo final. Se inició entonces la gigantesca obra de reconstrucción nacional que requirió el concurso de millones de chinos organizados y dirigidos para un común objetivo histórico: el rescate de China por la vía del socialismo. La estrategia de desarrollo socialista diseñada por Mao se inspiraba directamente en la experiencia de los soviéticos, pero no carecía de una profunda dimensión crítica; ya en 1951 (dos años después de la victoria) los chinos afirmaban, inspirados en el trabajo teórico-crítico de su máximo dirigente, que admiraban inmensamente a la Unión Soviética pero que ellos no cometerían los mismos errores que los rusos. Esta obra de Mao define su pensamiento económico de manera clara y directa; Paul Sweezy sostiene, sin embargo, que la importancia de estos escritos no se limita meramente a la economía: trasciende hacia la filosofía, la historia, la política revolucionaria"

Título: Una Critica De La Economia Sovietica
ISBN: 9681610245
Número de páginas: 143
Autor: Tse-Tung, Mao;
Editorial: Fondo De Cultura Económica
Formato: 13,5 x 21 cm., 143 pp.
Primera edición: 1982
Formato: PDF
Servidor: MEGA
Escaneador y maquetador: ciberguerrillerorojo

Contenido del libro:

1-Introducción y Notas sobre los textos (Por James Peck)
2-Notas de lectura sobre el texto soviético Economía Política (1961-1962)
3-Comentarios sobre Problemas económicos del socialismo en la URSS (1958)
4-Crítica al libro de Stalin Problemas económicos del socialismo en la URSS

NOTA: Es la primera vez que este texto es publicado en internet en nuestro idioma, pedimos por favor que lo difundan y lo resuban a diferentes páginas y servidores para que quede respaldo de él y no se vuelva inaccesible de nuevo. Gracias.

Link:https://mega.co.nz/#!BNMUgJwQ!XxNo_xjLVTGc_YVByo8B5jtn-TlsGgksssVnSeueYrM

5 de Mayo - 195 Aniversario del natalicio de Karl Marx


Carlos Marx figura entre los hombres de dimensión universal. Su gran proeza intelectual radica en haber fundido en una nueva síntesis, cualitativamente superior, las corrientes más avanzadas del pensamiento de su época, en haber dado paso a una nueva doctrina que, aplicada al análisis de la realidad material, al estudio de la sociedad y la historia, transformaría al socialismo, de utopía en ciencia. Todo el fuego de su talento y de su corazón lo dedicó al drama y al destino de las grandes mayorías, al dolor de los humildes y a la miseria de los oprimidos.

jueves, 14 de marzo de 2013

130º aniversario luctuoso de Karl Marx



Hoy, 14 de Marzo, se cumplen 130 años del fallecimiento de Karl Marx. Un pensador-militante, cada vez más actual habida cuenta del desenvolvimiento de las contradicciones actuales del capitalismo y, por eso mismo, cada vez más necesario. Reproduzco aquí el discurso que su camarada, amigo e inigualable interlocutor intelectual, Friedrich Engels, pronunciara ante su tumba del cementerio de Highgate al inhumar sus restos.

"El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, el más grande pensador de nuestros días dejó de pensar. Apenas le dejamos solo dos minutos, y cuando volvimos le encontramos dulcemente dormido en su sillón –pero para siempre.

Es inestimable la pérdida para el proletariado militante de Europa y América y para la ciencia histórica. El vacío creado por la ausencia de este portentoso espíritu pronto se dejará sentir.
Darwin descubrió la ley de la evolución de la naturaleza, y Marx la ley del desarrollo de la historia de la humanidad: el hecho, oculto hasta ahora por un exceso de ideología, de que los hombres necesitamos en primer lugar comer, beber, refugiarnos y vestirnos para poder después hacer política, cultivar las ciencias, el arte, la religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios materiales más inmediatos y, consiguientemente, el nivel de desarrollo económico de una determinada sociedad en una época constituyen la base sobre la que se fundan las instituciones del estado, los conceptos legales, artísticos e incluso religiosos, base con arreglo a la cual deben éstos explicarse en lugar de al revés, como se ha venido haciendo hasta ahora.

Pero eso no es todo. Marx descubrió también la ley que gobierna el actual modelo de producción capitalista y la sociedad burguesa que ha creado. El descubrimiento del concepto de plusvalía arrojó luz de pronto sobre estos problemas que otros investigadores, tanto economistas burgueses como socialistas críticos, habían tratado en vano de solucionar.

Dos descubrimientos como éstos serían suficientes para toda una vida. Feliz aquél a quien se deba tan sólo uno de ellos. Pero Marx hizo descubrimientos en todos los campos de investigación que trató, que no fueron pocos, y ninguno de forma superficial, incluyendo las matemáticas.

Tal fue como hombre de ciencia. Y sin embargo como hombre fue mucho más. Para Marx, la ciencia era una fuerza dinámica, revolucionaria e histórica. Por muy feliz que le hiciera cualquier nuevo descubrimiento teórico cuya aplicación práctica era aún imposible de adivinar, no era nada comparado con la felicidad que le causaba un descubrimiento que produjese cambios revolucionarios e inmediatos en la industria o en el desarrollo histórico social. Por ejemplo, seguía de cerca la marcha de los descubrimientos en el campo de la electricidad, y en especial los de Marcel Deprez.

Porque Marx era, ante todo, un revolucionario. Su verdadera misión en la vida fue contribuir, de un modo u otro, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, al que él fue el primero en hacer consciente de su propia situación de necesidad y de las condiciones de su emancipación. Marx era un luchador. Y luchó con pasión y tenacidad, alcanzando un éxito sin igual. Trabajó en el primer Rheinische Zeitung (1842), en el Vorwarts de París (1844), en el Deutsche Brusseler Zeitung (1847), en el Neue Rheinische Zeitung (1848-49) y en el New York Tribune (1852-61), además de escribir una avalancha de panfletos militantes y de trabajar en organizaciones sociales en París, Bruselas y Londres y, finalmente, coronándolo todo, fundar la Asociación Internacional de Trabajadores que, verdaderamente, fue un logro del que hubiera podido sentirse orgulloso aunque no hubiera hecho nada más.

Y por todo ello Marx fue el hombre más odiado y calumniado de su tiempo. Los gobiernos, tanto los absolutistas como los republicanos, lo expulsaron. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían unos con otros en lanzar difamaciones contra él. Pero Marx hizo caso omiso, respondiendo únicamente cuando una necesidad imperiosa se lo exigía. Y ha muerto amado, reverenciado y llorado por millones de compañeros trabajadores revolucionarios desde las minas de Siberia a California, en todas partes de Europa y América y, me atrevería a decir, a pesar de sus muchos adversarios, sin apenas un enemigo.
Su nombre perdurará en el tiempo, y con él su obra."

viernes, 8 de marzo de 2013

¿Qué pasó el 8 de marzo?

Cartel soviético que reivindica el 8 de marzo como "día de rebelión de la mujer trabajadora contra la tiranía de la cocina"

Existen distintas versiones acerca de por qué el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

En nuestro país tradicionalmente se lo asocia con el recuerdo del incendio de la fábrica textil Cotton, en Nueva York en el año 1908, en la que murieron 129 obreras, encerradas por el patrón mientras se desarrollaba una huelga.

Otras versiones dicen que en realidad el 8 de marzo conmemora una huelga de obreras textiles neoyorkinas en 1857.

La decisión de realizar una jornada internacional para plantear las reivindicaciones de las trabajadoras fue tomada en la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas realizada en agosto de 1910 en la ciudad dinamarquesa de Copenhague. La propuesta fue de la revolucionaria alemana Clara Zetkin y señalaba “En unión organizaciones de clase, partidos políticos y sindicatos proletarios en cada país, las mujeres socialistas del mundo celebrarán cada año un Día de la Mujer. Su objetivo principal será obtener el derecho a voto de la mujer. Esta demanda debe ser levantada dentro del contexto global de los asuntos concernientes a las mujeres de acuerdo a los principios socialistas. El Día de la Mujer debe tener un carácter internacional y deber ser preparado cuidadosamente.”...

Existían antecedentes de esta jornada en las movilizaciones que realizaba el Partido Socialista Norteamericano uniendo las reivindicaciones de las trabajadoras (reducción de horas de trabajo, mejores condiciones en los talleres, etc.) con el derecho al voto de la mujer. Con el correr de los años, se sumó a estas reivindicaciones el rechazo a la guerra imperialista que se aproximaba. El primer “Women’s Day” del que hay registro en Norteamérica es de 1908, y se organizó, hasta 1914, el último día de febrero.

Según algunos, esta misma Conferencia de Copenhague estableció que esa fecha fuera el 8 de marzo en recuerdo de las luchas de las textiles de Nueva York; según otros no fue así, y dan como argumento que los años posteriores, 1911, 1912 y 1913, la celebración no se hizo un 8 de marzo.

Efectivamente, el primer Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Europa se celebra el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. En Rusia fue celebrado por primera vez en 1913, bajo la denominación de Día Internacional de las Obreras. Se produce una fuerte represión de la policía zarista y algunas de las organizadoras son deportadas a Siberia. Esta manifestación se realiza bajo las banderas del movimiento pacifista en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

Ya para 1914 y 1915 la fecha elegida fue el 8 de marzo, y se realizaron actos en Alemania, Suecia, Francia y Dinamarca. En esos años la actividad se centra en protestas contra la guerra, el militarismo y el derecho al sufragio.

El día internacional de la obrera

El 23 de febrero de 1917, que corresponde en el calendario ruso de esa época a nuestro 8 de marzo, miles de mujeres salieron a la calle contra la miseria que provocaba la política del zarismo y para que se termine la guerra imperialista, en el marco de una gran oleada revolucionaria. Cuatro días después caía el zar, hecho que pasó a la historia como la Revolución de Febrero.

Según la Historia “oficial” del Partido Comunista de la URSS, ese 23 de febrero de 1917 “los trabajadores celebraron la Jornada Internacional de la Obrera (Jornada Internacional de la Mujer)”, con una marcha de obreros de Petrogrado a los que se sumaron las mujeres. Otras fuentes indican que “la revolución tuvo principio en las filas del pan, delante de las panaderías. La empezaron mujeres del pueblo” (Documentos del Progreso, N° 6, 15 de octubre 1919).

En 1921, en la Segunda Conferencia de las mujeres comunistas realizada en Moscú en el marco de la Tercera Internacional, los partidos comunistas deciden estabilizar el 8 de marzo como “Jornada internacional de la obrera”, en homenaje a las obreras de Petrogrado.

Durante toda la década del 20 y del 30, los partidos comunistas dieron este sentido al 8 de marzo.

Muchos años después, en 1975, las Naciones Unidas tomaron esa fecha, 8 de marzo, y la proclamaron como Día Internacional de la Mujer. Le sacaron el carácter de reivindicación de las trabajadoras, dejando solo las cuestiones de género, y en los fundamentos de su resolución no se hace la menor mención a los hechos protagonizados por las mujeres rusas en la Revolución de Febrero.

Para este breve repaso agreguemos que últimamente distintas investigadoras plantean que la huelga de la Cotton del 8 de marzo de 1908 no existió, ya que ese día era domingo, y que no se puede precisar que la huelga de las tejedoras neoyorkinas de 1857 fuera un 8 de marzo.

Que el incendio, que sí ocurrió, fue el de la Triangle Shirstway Company, la más grande fabricante de blusas de Nueva York, el 25 de marzo de 1911, donde murieron 147 obreras debido a que la patronal mantenía las puertas de salida cerradas con candado.

Más allá de cuál sea el verdadero origen de esta fecha, este debate lo que muestra es el silenciamiento que se ha hecho en los últimos años del rol del movimiento de mujeres comunistas en la lucha por los derechos de las mujeres, en primer lugar las trabajadoras, y de las mujeres en general.
 

martes, 5 de marzo de 2013

60 aniversario luctuoso de Stalin. Sus Obras y tres poemas sobre su muerte


Un día como hoy murió el Camarada Stalin, uno de los grandes comunistas de la Historia, cometió grandes errores, pero también grandes logros. Como marxistas en formación, no podemos negar a Stalin, pues tendríamos que negar la construcción de las bases del socialismo que existieron por casi un siglo en el país más grande del planeta. Tampoco podemos creer las mentiras dichas contra Stalin, se sostienen en el aire y apenas se está empezando a limpiar de basura la tumba de Stalin; por eso la mejor forma de luchar contra las mentiras es leer directamente al “padre maestro y camarada”. Para conmemorar este aniversario luctuoso dejamos a disposición un archivo comprimido con las obras de José Stalin, las completas en español, las completas en ingles, discursos y otros trabajos sueltos.

LINK: http://www.mediafire.com/?9zqvek21wiwnrft

También agregamos poemas escritos por la muerte de Stalin, en el cual queda la huella que dejo la muerte del continuador de Lenin.


Rusia de Miguel Hernandez

En trenes poseídos de una pasión errante
por el carbón y el hierro que los provoca y mueve,
y en tensos aeroplanos de plumaje tajante
recorro la nación del trabajo y la nieve.

De la extensión de Rusia, de sus tiernas ventanas,
sale una voz profunda de máquinas y manos,
que indica entre mujeres: Aquí están tus hermanas,
y prorrumpe entre hombres: Estos son tus hermanos.

Basta mirar: se cubre de verdad la mirada.
Basta escuchar: retumba la sangre en las orejas.
De cada aliento sale la ardiente bocanada
de tantos corazones unidos por parejas.

Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos
has hecho un pueblo de hombres que sacuden la frente,
y la cárcel ahuyentan, y prodigan los trigos,
como a un inmenso esfuerzo le cabe: inmensamente.

De unos hombres que apenas a vivir se atrevían
con la boca amarrada y el sueño esclavizado:
de unos cuerpos que andaban, vacilaban, crujían,
una masa de férreo volumen has forjado.

Has forjado una especie de mineral sencillo,
que observa la conducta del metal más valioso,
perfecciona el motor, y señala el martillo,
la hélice, la salud, con un dedo orgulloso.

Polvo para los zares, los reales bandidos:
Rusia nevada de hambre, dolor y cautiverios.
Ayer sus hijos iban a la muerte vencidos,
hoy proclaman la vida y hunden los cementerios.

Ayer iban sus ríos derritiendo los hielos,
quemados por la sangre de los trabajadores.
Hoy descubren industrias, maquinarias, anhelos,
y cantan rodeados de fábricas y flores.

Y los ancianos lentos que llevan una huella
de zar sobre sus hombros, interrumpen el paso,
por desplumar alegres su alta barba de estrella
ante el fulgor que remoza su ocaso.

Las chozas se convierten en casas de granito.
El corazón se queda desnudo entre verdades.
Y como una visión real de lo inaudito,
brotan sobre la nada bandadas de ciudades.

La juventud de Rusia se esgrime y se agiganta
como un arma afilada por los rinocerontes.
La metalurgia suena dichosa de garganta,
y vibran los martillos de pie sobre los montes.

Con las inagotables vacas de oro yacente
que ordeñan los mineros de los montes Urales,
Rusia edifica un mundo feliz y trasparente
para los hombres llenos de impulsos fraternales.

Hoy que contra mi patria clavan sus bayonetas
legiones malparidas por una torpe entraña,
los girasoles rusos, como ciegos planetas,
hacen girar su rostro de rayos hacia España.

Aquí está Rusia entera vestida de soldado,
protegiendo a los niños que anhela la trilita
de Italia y de Alemania bajo el sueño sagrado,
y que del vientre mismo de la madre los quita.

Dormitorios de niños españoles: zarpazos
de inocencia que arrojan de Madrid, de Valencia,
a Mussolini, a Hitler, los dos mariconazos,
la vida que destruyen manchados de inocencia.

Frágiles dormitorios al sol de la luz clara,
sangrienta de repente y erizada de astillas.
¡Si tanto dormitorio deshecho se arrojara
sobre las dos cabezas y las cuatro mejillas!

Se arrojará, me advierte desde su tumba viva
Lenin, con pie de mármol y voz de bronce quieto,
mientras contempla inmóvil el agua constructiva
que fluye en forma humana detrás de su esqueleto.

Rusia y España, unidas como fuerzas hermanas,
fuerza serán que cierre las fauces de la guerra.
Y sólo se verá tractores y manzanas,
panes y juventud sobre la tierra.


Stalin Capitán de Nicolás Guillén

Stalin, Capitán,
a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochun
A tu lado, cantando, los hombres libres van:
el chino, que respira con pulmón de volcán,
el negro, de ojos blancos y barbas de betún,
el blanco, de ojos verdes y barbas de azafrán.
Stalin, Capitán.
Tiembla Europa en su mapa de piedra y de cartón.
Mil siglos se desploman rodando sin contén.
Cañón
del Austro al Septentrión.
Cabezas y cabezas cortadas a cercén.
El mar arde lo mismo que un charco de alquitrán.
Bocas que ayer cantaban a la Verdad y el Bien
Hoy bajo cuatro metros de amargo sueño están…
Stalin, Capitán.
Pero el futuro afinca, levanta su ilusión
allá en tu roja tierra donde es feliz el pan,
y altos pechos armados de una misma canción
las plumas de los buitres detienen, detendrán,
allá en tu helado cielo de llama y explosión,
Stalin, Capitán.
El jarro de magnolias, el floreal corazón
de Buda, despereza su extático ademán;
gravita un continente sobre el Mar del Japón:
rudo bloque de sangre de Siberia a Ceylán
y de Esmirna a Cantón…
Stalin, Capitán.
Tambores africanos con resonante son
sobre selva y desierto su vivo alerta dan,
más fiero que el metal con que ruge el león;
y alzando hasta el Pichincha la tormentosa sien
América convoca su puma y su caimán,
pero además engrasa su motor y su tren.
Odio por dondequiera verá el ciego alemán
la paloma, el avión,
el pico del tucán,
el zoológico río de vasta indignación,
las flechas venenosas que en pleno blanco dan,
y aun el viento, impulsando sus ruedas de ciclón…
Stalin, Capitán, a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún…
A tu lado, cantando, los hombres libres van:
el chino, que respira con pulmón de volcán,
el negro, de ojos blancos y barbas de betún,
el blanco, de ojos verdes y barbas de azafrán…
¡Stalin, Capitán,
los pueblos que despierten junto a ti marcharán!

Redoble lento por la muerte de Stalin
I

Por encima del mar, sobre las cordilleras,
a través de los valles, los bosques y los ríos,
por sobre los oasis y arenales desérticos,
por sobre los callados horizontes sin límites
y las deshabitadas regiones de las nieves
va pasando la voz, nos va llegando
tristemente la voz que nos lo anuncia.

José Stalin ha muerto.

A través de las calles y las plazas de los
grandes poblados,
por los anchos caminos generales y
perdidos senderos,
por sobre las atónitas aldeas, asombradas campiñas,
planicies solitarias, subterráneos
corredores mineros, olvidadas
islas y golpeados litorales desnudos
va pasando la voz, nos va llegando
tristemente la voz que nos lo anuncia.

José Stalin ha muerto.

Va cruzando las horas oscuras de la
noche,
la madrugada, el día, los extensos
crepúsculos,
todo lo austral y nórdico que
comprende la tierra,
y no hay razas, no hay pueblos, no hay rincones,
no hay partículas mínimas del mundo
en donde no penetre la voz que va llegando,
la voz que tristemente nos lo anuncia.

José Stalin ha muerto.

II

(A dos voces)
1. Padre y maestro y camarada:
quiero llorar, quiero cantar.
Que el agua clara me ilumine,
que tu alma clara me ilumine
en esta noche en que te vas.

2. Se ha detenido un corazón.
Se ha detenido un pensamiento.
Un árbol grande se ha doblado.
Un árbol grande se ha callado.
Mas ya se escucha en el silencio.

1. Padre y maestro y camarada:
solo parece que está el mar.
Pero las olas se levantan,
pero en las olas te levantas
y riges ya en la inmensidad.

2. Cerró los ojos la firmeza,
la hoja más limpia del acero.
Sobre su tierra se ha dormido.
Sobre la Tierra se ha dormido.
Mas ya se yergue en el silencio.

1. Padre y maestro y camarada:
vuela en lo oscuro un gavilán.
Pero en tu barca una paloma,
pero en tu mano una paloma
se abre a los cielos de la paz.

2. Callan los yunques y martillos.
El campo calla y calla el viento.
Mudo su pueblo le da vela.
Mudos sus pueblos le dan vela.
Mas ya camina en el silencio.

1. Padre y maestro y camarada:
fuertes nos dejas, Mariscal.
Como en las puntas de la estrella,
como en las puntas de tu estrella
arde en nosotros la unidad.

2. Vence el amor en este día.
El odio ladra prisionero.
La oscuridad cierra los brazos.
La eternidad abre los brazos.
Y escribe un nombre en el silencio.

III

No ha muerto Stalin. No has muerto.
Que cada lágrima cante
tu recuerdo.
Que cada gemido cante
tu recuerdo.
Tu pueblo tiene tu forma,
su voz tu viril acento.

No has muerto.
Hablan por ti sus talleres,
el hombre y la mujer nuevos.
No has muerto.

Sus piedras llevan tu nombre,
sus construcciones tu sueño.
No has muerto.

No hay mares donde no habites,
ríos donde no estés dentro.
No has muerto.

Campos en donde tus manos
abiertas no se hayan puesto.
No has muerto.

Cielos por donde no cruce
como un sol tu pensamiento.
No has muerto.

No hay ciudad que no recuerde
tu nombre cuando era fuego.
No has muerto.

Laureles de Stalingrado
siempre dirán que no has muerto.
No has muerto.

Los niños en sus canciones
te cantarán que no has muerto.
Los niños pobres del mundo,
que no has muerto.

Y en las cárceles de España
y en sus más perdidos pueblos
dirán que no has muerto.

Y los esclavos hundidos,
los amarillos, los negros,
los más olvidados tristes,
los más rotos sin consuelo,
dirán que no has muerto.

La Tierra toda girando,
que no has muerto.
Lenin, junto a ti dormido,
también dirá que no has muerto.

Rafael ALBERTI
Buenos Aires, 9 marzo 1953


Oda a Stalin por Pablo Neruda

Camarada Stalin, yo estaba junto al mar en la Isla Negra,
descansando de luchas y de viajes,
cuando la noticia de tu muerte llegó como un golpe de océano.
Fue primero el silencio, el estupor de las cosas, y luego llegó del mar una
ola grande.
De algas, metales y hombres, piedras, espuma y lágrimas estaba hecha esta
ola.
De historia, espacio y tiempo recogió su materia
y se elevó llorando sobre el mundo
hasta que frente a mí vino a golpear la costa
y derribó a mis puertas su mensaje de luto
con un grito gigante
como si de repente se quebrara la tierra.
Era en 1914.
En las fábricas se acumulaban basuras y dolores.
Los ricos del nuevo siglo
se repartían a dentelladas el petróleo y las islas, el cobre y los canales.
Ni una sola bandera levantó sus colores
sin las salpicaduras de la sangre.
Desde Hong Kong a Chicago la policía
buscaba documentos y ensayaba
las ametralladoras en la carne del pueblo.
Las marchas militares desde el alba
mandaban soldaditos a morir.
Frenético era el baile de los gringos
en las boîtes de París llenas de humo.
Se desangraba el hombre.
Una lluvia de sangre
caía del planeta,
manchaba las estrellas.
La muerte estrenó entonces armaduras de acero.
El hambre
en los caminos de Europa
fue como un viento helado aventando hojas secas y quebrantando huesos.
El otoño soplaba los harapos.
La guerra había erizado los caminos.
Olor a invierno y sangre
emanaba de Europa
como de un matadero abandonado.
Mientras tanto los dueños
del carbón,
del hierro,
del acero,
del humo,
de los bancos,
del gas,
del oro,
de la harina,
del salitre,
del diario El Mercurio,
los dueños de burdeles,
los senadores norteamericanos,
los filibusteros
cargados de oro y sangre
de todos los países,
eran también los dueños
de la Historia.
Allí estaban sentados
de frac, ocupadísimos
en dispensar condecoraciones,
en regalarse cheques a la entrada
y robárselos a la salida,
en regalarse acciones de la carnicería
y repartirse a dentelladas
trozos de pueblo y de geografía.
Entonces con modesto
vestido y gorra obrera,
entró el viento,
entró el viento del pueblo.
Era Lenin.
Cambió la tierra, el hombre, la vida.
El aire libre revolucionario
trastornó los papeles
manchados. Nació una patria
que no ha dejado de crecer.
Es grande como el mundo, pero cabe
hasta en el corazón del más
pequeño
trabajador de usina o de oficina,
de agricultura o barco.
Era la Unión Soviética.
Junto a Lenin
Stalin avanzaba
y así, con blusa blanca,
con gorra gris de obrero,
Stalin,
con su paso tranquilo,
entró en la Historia acompañado
de Lenin y del viento.
Stalin desde entonces
fue construyendo. Todo
hacía falta. Lenin recibió de los zares
telarañas y harapos.
Lenin dejó una herencia
de patria libre y ancha.
Stalin la pobló
con escuelas y harina,
imprentas y manzanas.
Stalin desde el Volga
hasta la nieve
del Norte inaccesible
puso su mano y en su mano un hombre
comenzó a construir.
Las ciudades nacieron.
Los desiertos cantaron
por primera vez con la voz del agua.
Los minerales
acudieron,
salieron
de sus sueños oscuros,
se levantaron,
se hicieron rieles, ruedas,
locomotoras, hilos
que llevaron las sílabas eléctricas
por toda la extensión y la distancia.
Stalin
construía.
Nacieron
de sus manos
cereales,
tractores,
enseñanzas,
caminos,
y él allí,
sencillo como tú y como yo,
si tú y yo consiguiéramos
ser sencillos como él.
Pero lo aprenderemos.
Su sencillez y su sabiduría,
su estructura
de bondadoso pan y de acero inflexible
nos ayuda a ser hombres cada día,
cada día nos ayuda a ser hombres.
¡Ser hombres! ¡Es ésta
la ley staliniana!
Ser comunista es difícil.
Hay que aprender a serlo.
Ser hombres comunistas
es aún más difícil,
y hay que aprender de Stalin
su intensidad serena,
su claridad concreta,
su desprecio
al oropel vacío,
a la hueca abstracción editorial.
Él fue directamente
desentrañando el nudo
y mostrando la recta
claridad de la línea,
entrando en los problemas
sin las frases que ocultan
el vacío,
derecho al centro débil
que en nuestra lucha rectificaremos
podando los follajes
y mostrando el designio de los frutos.
Stalin es el mediodía,
la madurez del hombre y de los pueblos.
En la guerra lo vieron
las ciudades quebradas
extraer del escombro
la esperanza,
refundirla de nuevo,
hacerla acero,
y atacar con sus rayos
destruyendo
la fortificación de las tinieblas.
Pero también ayudó a los manzanos
de Siberia
a dar sus frutas bajo la tormenta.
Enseñó a todos
a crecer, a crecer,
a plantas y metales,
a criaturas y ríos
les enseñó a crecer,
a dar frutos y fuego.
Les enseñó la Paz
y así detuvo
con su pecho extendido
los lobos de la guerra.
Frente al mar de la Isla Negra, en la mañana,
icé a media asta la bandera de Chile.
Estaba solitaria la costa y una niebla de plata
se mezclaba a la espuma solemne del océano.
A mitad de su mástil, en el campo de azul,
la estrella solitaria de mi patria
parecía una lágrima entre el cielo y la tierra.
Pasó un hombre del pueblo, saludó comprendiendo,
y se sacó el sombrero.
Vino un muchacho y me estrechó la mano.
Más tarde el pescador de erizos, el viejo buzo
y poeta,
Gonzalito, se acercó a acompañarme bajo la bandera.
«Era más sabio que todos los hombres juntos», me dijo
mirando el mar con sus viejos ojos, con los viejos
ojos del pueblo.
Y luego por largo rato no dijimos nada.
Una ola
estremeció las piedras de la orilla.
«Pero Malenkov ahora continuará su obra», prosiguió
levantándose el pobre pescador de chaqueta raída.
Yo lo miré sorprendido pensando: ¿Cómo, cómo lo sabe?
¿De dónde, en esta costa solitaria?
Y comprendí que el mar se lo había enseñado.
Y allí velamos juntos, un poeta,
un pescador y el mar
al Capitán lejano que al entrar en la muerte
dejó a todos los pueblos, como herencia, su vida.

Juramento español en la muerte de Stalin de Jorge Semprún

No se puede decir,        
pero se ha dicho.        
No se puede pensar        
que se haya oído        
una voz que lo anuncie.        
No cabe imaginar haber leído,        
así, sencillamente, que murió.        
No se puede escribir,        
pero está escrito.        
«Ya el corazón de STALIN        
ya ha dejado        
ya dejó de latir,        
ya no ha latido».        

Su corazón ¡aliento del Partido!        

No hay modo de pensar que eso haya sido,        
que no hay remedio ya, que ha sucedido,        
que toda la vida ya se ha ensombrecido        
de esta muerte de STALIN        
para siempre;        
que el rumoroso tiempo se enmudece        
del silencio de STALIN        
para siempre.        
Para siempre, pensadlo, para siempre.        
Ya nunca jamás, ya nunca, ya jamás,        
ya nunca hablando STALIN, sonriente.        
Pensadlo, para siempre, para siempre

La clase obrera es huérfana        
son huérfanos        
los cargadores de Bilbao,        
los que trabajan en Éibar el acero,        
los marinos de Ondárroa y de Laredo,        
los mineros de Mieres, de Langreo,        
las mujeres de Murcia en el mercado,        
los pastores de Gredos, las muchachas        
que lavaban la ropa en el arroyo,        
y el albañil es huérfano y su duelo        
brilla en la negra cal de los andamios.        
La clase obrera es huérfana en Manresa        
y en Sabadell. Por toda Barcelona        
corre un rumor de llanto y de promesa:        
«¡Se nos ha muerto STALIN! ¡Su bandera        
levantaremos hasta la victoria!».        
Madrid se ha estremecido.        
No habla nadie        
en el camino triste hacia el trabajo.        
Madrid calla y recuerda.        
«¡Se nos ha muerto STALIN! ¡Su Partido        
proseguirá la ruta que él abriera!».        

Los que sufren del hambre,        
los que venden        
al Capital su fuerza de trabajo,        
los que no tienen nada que perder        
y un mundo que ganar,        
los que veían        
ese mundo ganado y defendido,        
de Changai a Berlín,        
más feliz cada día, engrandecido        
por la mano de STALIN,        
todos ellos son huérfanos

Se nos ha muerto el padre, el camarada,        
se nos ha muerto el jefe y el Maestro,        
Capitán de los pueblos, Ingeniero        
de las almas sencillas, Arquitecto        
del Comunismo en obras gigantescas.        
Se nos ha muerto. Ha muerto. No hay palabras.        
Redoblen los tambores del silencio.        
Se nos ha muerto STALIN, camaradas.        
Apretemos las filas en silencio

Nosotros, comunistas, somos gentes        
de una madera aparte        
y de un temple especial.        
Somos los combatientes        
del gran Ejército de LENIN y de STALIN.        

Nuestro dolor no es llanto irremediable,        
nuestro dolor nos empuja adelante,        
nos da un impulso nuevo, decidido,        
nos lleva a reforzar en este instante        
la unidad del Partido.        

Nuestro dolor no es llanto inconsolable,        
nos empuja al combate,        
a la batalla        
por el pan y la paz, la independencia        
de la patria.        

Y al frente de las masas,        
paso a paso,        
siempre el primero, siempre a la vanguardia,        
¡nuestro PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA!

Nuestro dolor es ese juramento,        
porque STALIN no ha muerto.        
Yo os digo que no ha muerto,        
que no, vive en el pueblo,        
vive en el porvenir, va con nosotros,        
va con la clase obrera a la victoria.        

Camaradas: éste es el juramento:        
las banderas de STALIN alzaremos        
sobre el radiante porvenir de España
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